
La falta de pisos de la capital equivale a la de las 30 provincias con menor presión inmobiliaria del país.
Las zonas con más demanda son las que concentran el empleo, la inversión y la población.
Nuria S. tiene 31 años, trabaja como enfermera en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid y comparte piso porque asumir el alquiler ella sola consumiría casi la mitad de su sueldo. A más de 200 kilómetros, Julián L. conserva junto a sus hermanos la casa de sus padres en un pueblo de Soria. Lleva años vacía. Nadie quiere comprarla porque además necesita reformas, alquilarla tampoco resulta sencillo y la familia nunca termina de ponerse de acuerdo sobre qué hacer con ella.
Entre ambos polos opuestos se resume una de las mayores contradicciones del mercado inmobiliario español.
El Banco de España calcula que el país acumula un déficit de 750.000 viviendas, pero esa escasez no es generalizada. Cuando se observa dónde falta y dónde sobra, la fotografía arroja dos escenarios residenciales.
La prueba es que la falta de casas que registra Madrid equivale a la de las 30 provincias con menor presión inmobiliaria del país. Y seis provincias (Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Murcia y Málaga) concentran más de la mitad del déficit.
En las grandes áreas metropolitanas la demanda crece mucho más deprisa que la oferta. En buena parte del interior ocurre justo lo contrario; existen pisos que nunca llegan al mercado o que han dejado de tener demanda porque la población y la actividad económica llevan años desplazándose hacia otros lugares.
El ejemplo más extremo de esta situación se da entre Madrid y Soria. La primera tiene un desajuste del 16%, lo que equivale a algo más de 120.000 viviendas. Por el contrario, la provincia de Castilla y León se sitúa en un excedente técnico, con más de la mitad de su parque inmobiliario disponible para usos secundarios o vacío.
Es el territorio con el mayor superávit de producción frente a los hogares establecidos (lo que técnicamente se traduce en una participación negativa en el déficit de vivienda).
Para determinar este impacto, se han extrapolado los pesos porcentuales calculados por el Banco de España en su primera estimación de 2023 (entonces cifró el déficit en 600.000 casas). Según explicaron fuentes del organismo, la fotografía general del desajuste inmobiliario se conserva prácticamente inalterada desde entonces, manteniendo el mismo orden de prelación y proporciones entre las provincias afectadas. De este modo, el cálculo se ha realizado ajustando esas tasas de participación territorial originales a la cifra
actualizada de demanda insatisfecha que el organismo ha elevado en su último informe anual.
Fuente: CINCO DÍAS _11 de julio de 2026_